Los domingos por la tarde siempre han sido literarios, así que no es extraño que sea precisamente en domingo cuando empiece esta andadura.
He terminado hoy Los girasoles ciegos, el libro, no la peli. La verdad es que se lee enseguida, sólo tiene 155 páginas y además se estructura en cuatro relatos distintos. No sé qué me ha dado con la Guerra Civil Española que desde hace un año no paro de leer sobre ella (me viene a la cabeza El Corazón Helado, de Almudena Grandes, tan, tan precioso y Paracuellos, el genial cómic de Carlos Giménez que me regalaron mis amigos hace poco en un solo volumen sobre los niños de la posguerra, y que efectivamente todos los críos deberían leer alguna vez).
Creo que lo que más me llama la atención, aparte de la proximidad en el tiempo, es el cainismo de levantarte en armas contra la gente de tu propio país, el que tu vecino de repente se convierta en enemigo.
Y Madrid, claro.
Esa ciudad de la que me he ido demasiado pronto y a la que llegué demasiado deprisa, esa ciudad maravillosa a la que hoy echo tanto de menos mientras desde el sofa leo la historia de Lorenzo, el niño del último relato sobre el que se ha hecho la película de Jose Luis Cuerda que vive con su madre y su padre encondido en un armario de su casa de la Calle Ayala.
Ayala, Alcalá, Montesa... cómo no echar de menos el piso 4 del número 34 de la calle Montesa...
Y sin embargo no ha sido el último relato el que más me ha gustado, aunque indudablemente es el más cinematográfico, yo me quedo con el del Capitán Alegría, que se entrega en el frente republicano el día antes de que éste se rinda al ejército de Franco porque no quiere formar parte del bando vencedor. Es estremecedor el final de la declaración del capitán, cuando es juzgado por el mismo ejército con el que combatió durante años para condenarle a muerte por traicion y dice:
Preguntado acerca de si son las gloriosas gestas del Ejército Nacional la razón para traicionar a la Patria, responde que no, que la verdadera razón es que no quisimos entonces ganar la guerra al Frente Popular.
Preguntado que si no queríamos ganar la Gloriosa Cruzada, qué es lo que queríamos, el procesado responde: queríamos matarlos.
Queríamos matarlos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario